Las Emociones: El Factor Invisible en el Feedback
Algo que me ha estado rondando la cabeza últimamente…
Estas últimas semanas he estado completamente enfocada en un proyecto muy interesante junto a una franquicia, trabajando en el área de atención al cliente. Ha sido un verdadero laboratorio: reuniones con clientes, encuentros con aliados estratégicos y aprendizajes constantes que me impulsan hacia el crecimiento del negocio.
Pero en medio de todo ese movimiento, siempre aparece algo que no podemos ignorar: las emociones.
Y es que las emociones están en todas partes. Están cuando cierras un trato exitoso, cuando llegas a un acuerdo que beneficia a todos, cuando compartes momentos especiales en familia. Pero también aparecen en los momentos difíciles, en esas situaciones donde, si no sabemos gestionarlas, podemos perder mucho más que una negociación.
Cuando tenemos reuniones con clientes o proveedores, hay una regla de oro que no debemos olvidar:
Enfócate en el objetivo, no en quién tiene la razón.
Suena sencillo, pero en la práctica es uno de los mayores retos del liderazgo y la comunicación. Porque cuando las emociones toman el control, dejamos de ver con claridad.
¿De dónde nacen las emociones?
Aquí viene algo clave que me parece importante compartir:
Un hecho por sí solo no genera una emoción. La emoción nace de la interpretación que le damos a ese hecho.
Piénsalo un momento. Dos personas pueden vivir exactamente la misma situación y reaccionar de manera completamente diferente. ¿Por qué? Porque cada una la interpreta desde su propia perspectiva, experiencia y estado emocional.
Por eso vale la pena preguntarnos: ¿Desde qué emoción estoy reaccionando en este momento? ¿Esta emoción me está ayudando a avanzar o me está impidiendo ver con claridad?
¿Qué tiene que ver esto con el feedback?
Todo. Absolutamente todo.
El feedback es una de las herramientas más poderosas del liderazgo, pero también una de las que peor se ejecuta, precisamente porque nos dejamos llevar por las emociones.
A veces no nos detenemos ni a respirar y soltamos todo de una vez, sin filtro ni estructura. Otras veces caemos en la trampa del «yo lo sé todo», dando retroalimentación desde el ego y no desde el genuino deseo de ayudar a crecer al otro.
Por eso te comparto tres técnicas simples para dar feedback con inteligencia emocional
La buena noticia es que existen herramientas concretas que puedes aplicar en tu día a día, incluso en los momentos de mayor tensión emocional:
🔹 COIN — Contexto, Observación, Impacto y Próximos pasos. Ideal para estructurar el mensaje con claridad y orientarlo hacia la acción futura.
🔹 AID — Acción, Impacto y Resultado deseado Perfecto para un feedback rápido, directo y enfocado en lo que se espera a futuro.
🔹 SBI — Situación, Comportamiento e Impacto El más efectivo para dar retroalimentación objetiva, sin juicios ni interpretaciones personales.
La próxima vez que vayas a dar feedback, detente un segundo, respira y pregúntate: ¿estoy reaccionando desde la emoción o estoy respondiendo desde el objetivo?
Esa pausa puede cambiar completamente el resultado de una conversación.
¿Te ha pasado que las emociones han interferido en una conversación importante? Cuéntame en los comentarios. 👇



