«¿Se puede gestionar una nación como una franquicia? El dilema de la administración externa*
Qué opinas tu… Te atreverías que otro administre tu negocio
Este fin de semana fue testigo de un acontecimiento importante: otro país libre ejerciendo su soberanía, haciendo que su voz sea escuchada. Todos los países merecen eso: libertad, buenas condiciones de vida, educación, salud y otros factores indispensables que eviten la migración forzada hacia nuevas oportunidades. Factores que permitan a las personas tener calidad de vida sin alejarse de sus seres queridos.
Sin embargo, hubo algo que llamó profundamente mi atención. El presidente Trump mencionó: «Nosotros administraremos el país para lograr una transición segura y pacífica». Esto me llevó a preguntarme: ¿Puede el presidente de un país administrar otro país?
Analicemos juntos esta situación, pero con un enfoque empresarial.
La analogía del negocio
En los años que llevo analizando negocios y asesorando empresas y emprendedores, he visto casos donde dos dueños de negocios diferentes, en medio de una buena relación, comentan medio en broma: «Yo administro tu negocio y tú administras el mío». Negocios totalmente diferentes, industrias distintas, pero con un objetivo común: vender, crecer y mantenerse organizados.
Ahora bien, esto me lleva a reflexionar sobre varios puntos clave:
1. Culturas y economías distintas
Un negocio diferente al tuyo representa un desafío en todas sus formas. Partimos de culturas diferentes y economías de escala distintas. Lo que normalmente sucede es que creas una empresa con servicios complementarios, y a medida que creces, nace un conglomerado de empresas, pero tu enfoque principal o visión no se pierde.
He observado muchas empresas crear diversas filiales para administrar diferentes áreas. Sin embargo, al final, siento que pueden desenfocarse y, al abrir demasiadas empresas, generar gastos innecesarios.
2. Estilos de liderazgo únicos
Cada quien tiene su estilo de trabajo y su manera de dirigir o gobernar su empresa. A menos que decidas venderla, el enfoque cambia totalmente. En ese momento, el departamento de talento humano juega un rol crucial: transparencia, resiliencia y un buen ambiente laboral se vuelven fundamentales.
3. Visiones distintas
Cada líder tiene su propio ADN, su propia esencia y una dirección clara hacia donde quiere llevar su negocio. Pueden compartir estrategias, tener conversaciones profundas sobre situaciones particulares, pero al final, el dueño del negocio es quien decide.
4. La experiencia importa
Administrar la empresa de otro es difícil y complicado, especialmente si son negocios totalmente diferentes y en los cuales no tienes la experiencia debida.
Trasladar esta lógica empresarial al ámbito de las naciones es aún más complejo. Un país no es una empresa que se pueda administrar externamente. Tiene su propia historia, cultura, necesidades y, sobre todo, su propia gente con el derecho inalienable de decidir su futuro.
La soberanía no se administra desde afuera. Se respeta.



